En Breve (TL;DR)
Paolo Casarin lanza una alarma sobre el uso excesivo del VAR en la Serie A, sosteniendo que la tecnología está desnaturalizando la esencia misma del fútbol italiano.
El exdesignador critica duramente la gestión del Nápoles-Verona, donde la intervención prolongada de la tecnología prevaleció sobre la autoridad del árbitro en ocasión del penalti concedido.
Un aplauso va, en cambio, al coraje arbitral visto en el Milan-Genoa, con un penalti asignado contra los dueños de casa en un final incandescente.
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Es un viernes al rojo vivo para el fútbol italiano, y no solo por las temperaturas de la clasificación, que ven al Inter intentando la escapada y al Milan persiguiendo con uñas y dientes. Hoy, 9 de enero de 2026, las columnas del Corriere della Sera acogen una intervención destinada a dar que hablar durante mucho tiempo: Paolo Casarin, histórico árbitro y voz autorizada de nuestro balompié, ha entrado al campo con los tacos por delante sobre el tema más candente del momento: el uso de la tecnología en la Serie A. Con un tono que delata su amor visceral por este deporte, Casarin lanza una alarma que suena como un despertador para todo el movimiento: «Están cambiando el fútbol».
En el centro de la polémica está la gestión de los episodios en la última jornada del campeonato, un día que nos ha regalado emociones fortísimas, polémicas ardientes y un debate que parece no querer terminar nunca. Si por un lado está la crítica severa hacia un sistema que corre el riesgo de quitar responsabilidad al hombre en el campo, por el otro está la exaltación del coraje arbitral, esa cualidad humana que ninguna máquina podrá replicar jamás. Un dualismo fascinante que mantiene pegados a millones de aficionados, demostrando que el fútbol está vivo, coleando y es capaz de encender los ánimos como ninguna otra disciplina en el mundo.

Nápoles-Verona: cuando la tecnología toma el mando
El punto focal de la crítica de Casarin se refiere a lo sucedido en el Maradona durante el Nápoles-Hellas Verona, terminado con un pirotécnico 2-2. Según el exdesignador, estamos asistiendo a una mutación genética del juego: «Manda el VAR como en Nápoles», ha tronado Casarin. La referencia es al episodio del penalti concedido a los ‘scaligeri’ por la mano de Buongiorno. Una decisión que, según la lectura de Casarin, el árbitro Marchetti no habría tomado autónomamente, sino que fue “impuesta” por una revisión en el monitor larga y compleja.
Para Casarin, el hecho de que el VAR (gestionado por Marini en ese partido, n.d.r.) haya empleado tanto tiempo es la prueba de que no se trataba de un error claro y evidente. La tecnología, nacida como apoyo, corre el riesgo de transformarse en el director oculto de los partidos, quitando fluidez y autoridad al director de juego. Es una reflexión que abre escenarios interesantes: ¿queremos un fútbol aséptico y “televisivo” o queremos preservar la interpretación humana del árbitro central? La polémica inflama las redes sociales y las barras de los bares, confirmando que la pasión por la Serie A pasa también a través de estas discusiones infinitas.
Milan-Genoa: el elogio del coraje en San Siro

Pero el análisis de Casarin no es solo destructivo. Hay espacio para un elogio vibrante, un aplauso a escena abierta por lo visto en el Milan-Genoa. El partido, finalizado 1-1 con el salvamento in extremis de Leao, vivió un final de infarto con un penalti asignado al ‘Grifone’ en el minuto 99. Casarin define como «valiente» la actuación de Marini (refiriéndose a la gestión del episodio clave en el partido de San Siro) en el penalti concedido contra el equipo de casa en pleno tiempo de descuento.
Pitar un penalti contra el Milan, en la Scala del Calcio, mientras el estadio es una olla a presión infernal y el cronómetro marca casi el minuto cien, requiere una personalidad de acero. Es este el tipo de arbitraje que a Casarin le gustaría ver siempre: decidido, fuerte, impermeable a las presiones ambientales. Aunque luego Stanciu chutó alto ese balón pesadísimo, la decisión queda como un ejemplo de integridad deportiva que merece ser subrayado con entusiasmo. Es la demostración de que, a pesar de todo, el hombre del silbato todavía puede ser un protagonista positivo.
Tecnología y Deporte: una comparación necesaria

El debate planteado hoy nos lleva a reflexionar sobre cómo la tecnología está impactando de manera diversa en las distintas disciplinas. En la F1 y en MotoGP, la telemetría y los sensores milimétricos son la esencia misma de la competición; allí no hay espacio para la interpretación, cuenta el dato puro. También en el tenis, con el ojo de halcón, o en el baloncesto con la repetición instantánea, la tecnología sirve para certificar verdades objetivas (dentro o fuera, tiempo agotado o no).
El fútbol, sin embargo, es diferente. Es un deporte de contacto, de dinámicas complejas, de “zonas grises” donde la intensidad de un empujón o la congruencia de un movimiento del brazo no son siempre medibles con una regla digital. Incluso en las próximas olimpiadas veremos un uso cada vez más masivo de la alta tecnología, pero la lección de Casarin es clara: no debemos perder el alma del juego. La tecnología debe servir al deporte, no mandarlo.
La posición de Rocchi y el futuro
En este escenario incandescente, el designador Gianluca Rocchi se encuentra teniendo que gestionar un equilibrio precario. Según las últimas indiscreciones reportadas también por Il Mattino, la cúpula arbitral habría valorado positivamente la actuación del equipo arbitral en el Nápoles-Verona, defendiendo las decisiones tomadas. Una toma de posición que, si por un lado protege a la categoría, por el otro corre el riesgo de alimentar ulteriormente el debate con la vieja guardia representada por Casarin.
Estamos frente a un choque filosófico antes incluso que técnico. Por una parte, la búsqueda de la perfección absoluta (a menudo ilusoria); por la otra, la defensa de la centralidad del árbitro. En medio, nosotros los apasionados, que disfrutamos de un espectáculo que, entre errores, proezas y polémicas, no deja nunca de regalarnos adrenalina pura.
Conclusiones

Las palabras de Paolo Casarin resuenan como una advertencia potente en este inicio de 2026. Mientras la Serie A corre veloz hacia el ecuador de la competición, el tema arbitral sigue siendo central. Se esté de acuerdo o no con el excolegiado, una cosa es cierta: la pasión con la que se discute de estos episodios es la sal de nuestro fútbol. Entre el penalti valiente de San Siro y las largas esperas del VAR en Nápoles, el campeonato continúa ofreciendo historias increíbles. Y mientras exista este entusiasmo al comentar, al criticar y al alabar, el fútbol italiano tendrá siempre un futuro radiante por delante.
Preguntas frecuentes

El exárbitro Paolo Casarin ha expresado una fuerte preocupación respecto al impacto de la tecnología en el fútbol moderno. Según su análisis, el VAR está asumiendo un papel predominante, transformándose de simple apoyo a verdadero director oculto de los partidos. Casarin sostiene que este exceso de tecnología corre el riesgo de quitar responsabilidad al director de juego en el campo, restando fluidez al juego y autoridad al elemento humano, especialmente cuando las revisiones en el monitor requieren tiempos muy largos para episodios no clarísimos.
La crítica principal realizada por Casarin se refiere a la gestión del penalti concedido al Verona por una mano. El exdesignador considera que la decisión no fue tomada autónomamente por el árbitro Marchetti, sino que fue de hecho impuesta por una revisión de VAR larga y compleja. Según Casarin, si la tecnología emplea demasiado tiempo para analizar un episodio, significa que no se trata de un error claro y evidente, y por tanto la intervención externa acaba por mandar sobre la percepción del campo, desnaturalizando las dinámicas del juego.
En contraste con las críticas dirigidas a otros partidos, Casarin ha elogiado abiertamente la actuación del árbitro Marini durante el Milan-Genoa. Ha definido como valiente la elección de pitar un penalti contra el equipo de casa en el minuto noventa y nueve, en un estadio de San Siro incandescente. Este episodio se cita como un ejemplo positivo de integridad y personalidad arbitral, demostrando que el hombre del silbato todavía puede ser protagonista tomando decisiones difíciles e impopulares sin dejarse condicionar por el ambiente circundante.
A pesar de las observaciones críticas de figuras históricas como Casarin, la posición oficial de los dirigentes arbitrales parece ser defensiva. El designador Gianluca Rocchi y la asociación de árbitros habrían valorado positivamente la actuación de los equipos arbitrales en los partidos contestados, incluida la de Nápoles. Esto crea una contraposición filosófica entre la vieja guardia, que defiende la centralidad de la interpretación humana, y la actual gestión, que parece apostar mayormente por la precisión técnica garantizada por los instrumentos tecnológicos.

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