En Breve (TL;DR)
Descubre las causas más comunes y las soluciones rápidas para resolver el problema de una tarjeta gráfica no detectada en tu PC con Windows y volver a jugar de inmediato.
En esta guía, exploraremos las causas más comunes y te mostraremos paso a paso cómo hacer que tu GPU sea reconocida de nuevo.
Descubre cómo solucionar el problema con soluciones sencillas, desde la actualización de software hasta las comprobaciones de hardware.
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Encender el ordenador y descubrir que Windows no detecta la tarjeta gráfica es una experiencia frustrante, común para muchos usuarios, desde los gamers más empedernidos hasta los profesionales de la creatividad digital. Este problema puede manifestarse de varias maneras: una pantalla en negro, una resolución de vídeo bloqueada en ajustes básicos o la ausencia del componente en el Administrador de dispositivos. Afortunadamente, las causas suelen ser menos graves de lo que se podría pensar y, en la mayoría de los casos, se pueden solucionar con un enfoque metódico. Al igual que un artesano experto revisa sus herramientas antes de empezar una obra, abordaremos este problema con una combinación de verificaciones tradicionales y soluciones innovadoras para restaurar rápidamente la plena funcionalidad de nuestro PC.
El corazón de la experiencia visual de cualquier ordenador moderno es la GPU (Graphics Processing Unit). Cuando Windows no la reconoce, el rendimiento se desploma drásticamente, haciendo imposibles tareas como el gaming, la edición de vídeo o el modelado 3D. Las razones pueden variar desde simples conflictos de software hasta problemas de hardware. En esta guía completa, exploraremos las causas más comunes y proporcionaremos un camino claro y estructurado para diagnosticar y resolver el problema, apto tanto para los usuarios menos experimentados como para los más avezados. El objetivo es transformar un momento de pánico tecnológico en una oportunidad para conocer mejor el propio dispositivo.

¿Por qué el PC no detecta la tarjeta gráfica? Las causas más comunes
Entender el origen del problema es el primer paso hacia la solución. Cuando una tarjeta gráfica no es detectada, las causas se pueden agrupar en dos grandes categorías: problemas de software y problemas de hardware. A menudo, el problema reside en un driver obsoleto o corrupto, o en un conflicto generado por una reciente actualización de Windows. En otros casos, el inconveniente puede ser de naturaleza física, como una conexión suelta o una alimentación insuficiente. Analizar sistemáticamente cada posibilidad nos permite aislar la causa exacta sin perder tiempo en intentos aleatorios. Este enfoque metódico es fundamental para un diagnóstico preciso y una resolución eficaz.
Problemas de software: drivers y actualizaciones de Windows
La causa más frecuente por la que una GPU no es reconocida está relacionada con sus drivers. Un driver es el software que permite al sistema operativo comunicarse con el hardware. Si el driver es incorrecto, está corrupto u obsoleto, es posible que Windows no pueda identificar correctamente la tarjeta. Del mismo modo, una actualización de Windows, aunque esté diseñada para mejorar la estabilidad y la seguridad, a veces puede introducir conflictos inesperados con los drivers existentes, causando el mal funcionamiento. Otra posibilidad, especialmente en portátiles para gaming, es que un modo de ahorro de energía haya desactivado la GPU dedicada para preservar la batería, haciéndola invisible para el sistema.
Conflictos de hardware: un puzle por resolver
En el frente del hardware, las causas pueden ser diversas. Un clásico es la colocación incorrecta de la tarjeta gráfica en la ranura PCI-Express de la placa base. Una tarjeta no insertada completamente o un contacto imperfecto pueden impedir su detección. Otro factor crítico es la alimentación: las tarjetas de vídeo modernas, sobre todo las de alto rendimiento, requieren mucha energía. Si la fuente de alimentación del PC no es lo suficientemente potente o si los cables de alimentación auxiliares no están conectados correctamente, la tarjeta podría no arrancar en absoluto. Finalmente, también los ajustes de la BIOS/UEFI, el software base de la placa base, pueden jugar un papel: si está configurada para usar solo los gráficos integrados, ignorará la tarjeta dedicada.
Averías físicas: cuando el componente está dañado
Aunque es la posibilidad más temida, una avería física de la tarjeta gráfica o de la ranura en la placa base es una eventualidad a considerar. Componentes electrónicos como las GPU son complejos y, aunque están diseñados para durar, pueden sufrir daños debido a sobrecalentamiento, picos de tensión o simple desgaste con el tiempo. Si después de haber excluido todas las causas de software y de conexión el problema persiste, podría ser necesario probar la tarjeta de vídeo en otro ordenador o probar otra tarjeta en tu propio PC para determinar si la avería reside en la propia GPU o en la placa base. Contactar con un centro de asistencia especializado se convierte, en este escenario, en la opción más sensata para un diagnóstico definitivo.
Diagnóstico preliminar: los primeros pasos a seguir

Antes de aventurarse en procedimientos complejos, es esencial empezar por lo básico. Un diagnóstico preliminar correcto puede ahorrar tiempo y, en muchos casos, resolver el problema con unos pocos y sencillos pasos. Este proceso inicial se centra en verificar la información que el sistema operativo nos proporciona y en una inspección visual de los componentes. Es un poco como un médico que comprueba los signos vitales de un paciente antes de prescribir pruebas más exhaustivas. Estos primeros pasos son accesibles para todos y no requieren conocimientos técnicos avanzados, pero son fundamentales para dirigir correctamente las acciones de resolución posteriores.
Comprobación en el Administrador de dispositivos de Windows
La primera herramienta que debemos consultar es el Administrador de dispositivos. Para abrirlo, basta con hacer clic derecho en el menú Inicio y seleccionar la opción correspondiente. Una vez abierta la ventana, hay que expandir la categoría “Adaptadores de pantalla”. En una situación normal, aquí debería aparecer el nombre de tu tarjeta gráfica (p. ej., NVIDIA GeForce RTX 4070 o AMD Radeon RX 7800 XT). Si en cambio encuentras una entrada genérica como “Adaptador de pantalla básico de Microsoft” o un dispositivo desconocido con un icono de triángulo amarillo, significa que Windows no está utilizando los drivers correctos. La ausencia total de la categoría “Adaptadores de pantalla” o de tu propia GPU es una señal más fuerte de que el problema podría ser de naturaleza hardware o estar relacionado con la BIOS.
Verificación de las conexiones físicas y la alimentación
Si el diagnóstico de software no da resultados, es hora de “ponerse manos a la obra” con una comprobación de hardware. Apagando y desconectando el ordenador de la corriente, se puede abrir la caja para inspeccionar la tarjeta gráfica. La primera comprobación que hay que hacer es asegurarse de que esté firmemente insertada en su ranura PCI-Express en la placa base. A veces, durante el transporte o debido a las vibraciones, puede salirse ligeramente. El segundo paso es verificar los cables de alimentación. Muchas tarjetas de vídeo requieren uno o más conectores de 6 u 8 pines procedentes de la fuente de alimentación; es crucial que estén conectados de forma segura. Una conexión suelta es una causa común de que la GPU no arranque, un problema sencillo de resolver pero a menudo pasado por alto.
Soluciones de software: el camino principal hacia la resolución
Una vez completado el diagnóstico preliminar, es hora de centrarse en las soluciones de software, que representan la vía más común para resolver el problema de la tarjeta gráfica no detectada. Estas intervenciones no requieren abrir el ordenador y se basan en la actualización y reinstalación de los programas que gestionan el hardware. Es un proceso que combina la precisión de una intervención quirúrgica digital con la necesidad de tener siempre a mano las herramientas adecuadas, es decir, los drivers más recientes. Antes de empezar, es una buena práctica crear un punto de restauración del sistema, una operación que puede ser útil en caso de que algo no salga como estaba previsto. Para mayor seguridad, también es recomendable realizar una copia de seguridad completa del sistema.
Actualización y reinstalación limpia de los drivers
La solución más eficaz casi siempre está relacionada con los drivers. Aunque Windows Update a menudo los instala automáticamente, la mejor opción es descargar la versión más reciente directamente desde el sitio web del fabricante: NVIDIA, AMD o Intel. Si la simple actualización no funciona, es aconsejable una “reinstalación limpia”. Este proceso implica la eliminación completa de los drivers antiguos antes de instalar los nuevos. Herramientas como Display Driver Uninstaller (DDU) son perfectas para este propósito, ya que eliminan cualquier archivo residual que pueda causar conflictos. Después de usar DDU en modo seguro, se reinicia el PC y se instalan los drivers recién descargados. Este procedimiento resuelve la gran mayoría de los problemas de software.
El papel de la BIOS/UEFI: ajustes que no deben pasarse por alto
La BIOS (o su sucesora, la UEFI) es el primer software que se inicia al encender el PC y gestiona la comunicación entre los componentes. A veces, sus ajustes pueden ser la causa del problema. Para entrar en la BIOS, es necesario pulsar una tecla específica durante el arranque (normalmente Supr, F2, F10 o F12). Dentro, hay que buscar una sección relativa a la configuración gráfica o a los dispositivos “onboard”. Aquí, es importante verificar qué adaptador gráfico está configurado como primario. Si está seleccionada la gráfica integrada (a menudo indicada como “IGPU”), el sistema podría ignorar la tarjeta dedicada. Estableciendo la opción en “Auto” o “PEG/PCIe”, se indica a la placa base que dé prioridad a la GPU instalada en la ranura PCI-Express. En algunos casos, incluso una actualización de la propia BIOS puede resolver problemas de compatibilidad con las tarjetas de vídeo más recientes.
Resolver conflictos con las actualizaciones de Windows
A veces, el culpable es una actualización de Windows que ha introducido una incompatibilidad. Si el problema apareció justo después de una actualización, una solución puede ser desinstalarla. Yendo a Configuración > Windows Update > Historial de actualizaciones > Desinstalar actualizaciones, es posible eliminar las actualizaciones más recientes. Si la tarjeta gráfica vuelve a funcionar, se pueden pausar temporalmente las actualizaciones a la espera de que Microsoft o el fabricante de la GPU publiquen un parche correctivo. Un problema similar puede ocurrir con otros componentes, por ejemplo, cuando el WiFi no funciona en el portátil después de una actualización, demostrando cómo el software del sistema puede afectar al hardware de maneras imprevistas.
Intervenciones de hardware: cuándo es necesario abrir la caja
Si las soluciones de software no han dado resultado, es el momento de considerar intervenciones de hardware más directas. Esta fase requiere mayor cautela y una mínima familiaridad con los componentes internos de un ordenador. El objetivo es excluir definitivamente problemas de conexión física o de compatibilidad entre los componentes. Es importante trabajar en un ambiente limpio y descargar la electricidad estática tocando una superficie metálica antes de manipular los componentes electrónicos. El polvo, por ejemplo, puede ser un enemigo silencioso, acumulándose y causando sobrecalentamiento o falsos contactos. Una temperatura excesiva, similar al problema de un portátil que se sobrecalienta, puede dañar los componentes a largo plazo.
Reinsertar la tarjeta gráfica y probar otra ranura
Una de las operaciones más sencillas y eficaces es quitar físicamente la tarjeta gráfica y volver a insertarla. Después de apagar el PC y desconectar la alimentación, se desatornilla el tornillo que fija la tarjeta a la caja, se desbloquea la palanca de seguridad de la ranura PCI-Express y se extrae la GPU con delicadeza. En este punto, es una buena idea limpiar los contactos dorados de la tarjeta con un paño de microfibra seco y soplar el polvo de la ranura con aire comprimido. Al reinsertar la tarjeta hasta oír un “clic” y volver a conectar la alimentación, a menudo se resuelven problemas relacionados con un contacto imperfecto. Si la placa base dispone de varias ranuras PCI-Express x16, probar a instalar la GPU en otra ranura puede ayudar a determinar si el problema reside en la primera ranura utilizada.
Verificación de la fuente de alimentación y pruebas cruzadas
Una fuente de alimentación (PSU) de poca potencia o defectuosa es una causa común de problemas de hardware. Las tarjetas gráficas, especialmente los modelos de gaming, son los componentes que más energía consumen en un PC. Es fundamental comprobar que la potencia de tu fuente de alimentación sea adecuada a la recomendada por el fabricante de la GPU. Si todos los intentos fallan, la prueba definitiva es la prueba cruzada. Esto implica probar tu tarjeta de vídeo en otro PC que funcione o, viceversa, probar una tarjeta de vídeo que se sepa que funciona en tu ordenador. Si la tarjeta no funciona en otro PC, es probable que esté dañada. Si, por el contrario, otra tarjeta funciona en tu PC, el problema podría residir en la placa base o en la fuente de alimentación original.
Conclusiones

Afrontar el problema de una tarjeta gráfica no detectada puede parecer una tarea abrumadora, pero con un enfoque sistemático y paciente, la solución casi siempre está al alcance de la mano. Partiendo de las verificaciones de software más sencillas, como la actualización de los drivers y la comprobación del Administrador de dispositivos, hasta llegar a las intervenciones de hardware, como la revisión de las conexiones y los ajustes de la BIOS, es posible aislar y resolver la mayoría de las causas comunes. Lo importante es proceder por pasos, sin saltarse ninguno, documentando cada intento. Esta experiencia, aunque frustrante, representa una excelente oportunidad para profundizar en el conocimiento de tu PC y aprender a gestionar pequeños y grandes imprevistos tecnológicos. Mantener el sistema limpio, los drivers actualizados y prestar atención a las señales que nuestro ordenador nos envía son las mejores prácticas para garantizar un rendimiento estable y duradero en el tiempo, transformando la tecnología de fuente de problemas a un potente aliado en la vida cotidiana.
Preguntas frecuentes

¿Qué hacer si la tarjeta gráfica no aparece en el Administrador de dispositivos?
Si la tarjeta gráfica no es visible en el Administrador de dispositivos, la primera acción es buscar cambios de hardware: abre el Administrador de dispositivos, haz clic en el menú “Acción” y selecciona “Buscar cambios de hardware”. Si no aparece, el problema podría ser más profundo. Comprueba en la BIOS/UEFI que la ranura PCI-Express esté habilitada y configurada como pantalla principal. Si tampoco se detecta en la BIOS, es probable que sea un problema físico: la tarjeta podría no estar insertada correctamente, no recibir suficiente alimentación o estar averiada.
¿Por qué Windows utiliza el “Adaptador de pantalla básico de Microsoft”?
Cuando Windows muestra el “Adaptador de pantalla básico de Microsoft” en el Administrador de dispositivos, significa que no ha podido cargar los drivers específicos para tu GPU. Este driver genérico solo ofrece funcionalidades básicas, con baja resolución y sin aceleración gráfica. Las causas pueden ser una instalación de Windows nueva sin drivers, un driver corrupto, una actualización del sistema fallida o un conflicto de software. La solución casi siempre es instalar manualmente los drivers correctos descargándolos desde el sitio web oficial del fabricante (NVIDIA, AMD o Intel).
¿Es posible que una actualización de Windows cause el problema?
Sí, es una causa relativamente común. Una actualización de Windows a veces puede sobrescribir los drivers existentes con una versión menos compatible o introducir conflictos que impiden que la tarjeta gráfica funcione correctamente. Si el problema se manifestó justo después de una actualización, puedes intentar desinstalar la actualización reciente a través de la configuración de Windows Update o utilizar un punto de restauración del sistema para volver a un estado anterior en el que todo funcionaba.
¿Cómo puedo hacer una reinstalación limpia de los drivers gráficos?
Una reinstalación limpia es un método muy eficaz. Primero, descarga los drivers más recientes del sitio web del fabricante de tu GPU. A continuación, descarga la herramienta gratuita Display Driver Uninstaller (DDU). Reinicia el ordenador en Modo Seguro para evitar que Windows cargue los drivers. Ejecuta DDU y elige la opción para limpiar y reiniciar. Una vez de vuelta en Windows normal, instala los drivers que habías descargado previamente. Este proceso elimina cualquier rastro de los drivers antiguos, eliminando posibles conflictos.
¿El problema podría ser la fuente de alimentación del PC?
Absolutamente sí. Las tarjetas gráficas modernas, especialmente las de alto rendimiento, requieren una cantidad significativa de energía. Si la fuente de alimentación (PSU) no es lo suficientemente potente para soportar la carga de la GPU, esta última podría no activarse o funcionar de manera inestable. Comprueba siempre la potencia recomendada por el fabricante de la tarjeta de vídeo y asegúrate de que tu fuente de alimentación la cumpla. Además, verifica que todos los cables de alimentación auxiliares (de 6, 8 o 12 pines) estén conectados firmemente tanto a la tarjeta gráfica como a la fuente de alimentación.
Preguntas frecuentes
Las causas pueden ser diversas. A menudo el problema está relacionado con drivers no actualizados o en conflicto, una instalación física incorrecta en la ranura PCI-Express o una alimentación inadecuada. A veces, también es necesario acceder a la BIOS/UEFI del ordenador para desactivar los gráficos integrados y dar prioridad a la nueva tarjeta dedicada.
Si la tarjeta no es visible en el Administrador de dispositivos, el primer paso es una comprobación física: apaga el PC, desconéctalo de la corriente y verifica que la tarjeta esté insertada firmemente y que los posibles cables de alimentación auxiliar estén bien conectados. A continuación, comprueba en la BIOS/UEFI si la tarjeta se detecta allí. Si no aparece ni siquiera en la BIOS, podría tratarse de un problema de hardware de la propia tarjeta o de la ranura en la placa base.
Sí, es un procedimiento muy recomendable para prevenir conflictos de software que puedan impedir el correcto reconocimiento de la nueva tarjeta. Lo ideal es utilizar una herramienta específica, como Display Driver Uninstaller (DDU), para realizar una limpieza completa de todos los residuos de los drivers anteriores antes de apagar el PC y proceder con la instalación física de la nueva GPU.
Cada fabricante de tarjetas gráficas, como NVIDIA o AMD, especifica la potencia mínima requerida (en vatios) para cada modelo. Puedes encontrar esta información en el sitio web oficial del fabricante. Compara este valor con la potencia máxima que suministra tu fuente de alimentación, indicada en la etiqueta del propio componente. Es fundamental que la potencia de la PSU sea superior a la requerida, teniendo en cuenta también el consumo de los demás componentes del PC.
Puedes forzar el uso de la tarjeta dedicada a través de la configuración de software. Desde el Panel de control de NVIDIA o el software AMD Adrenalin, puedes establecer la GPU dedicada como predeterminada para todo el sistema o solo para aplicaciones específicas, como los juegos. Alternativamente, en Windows 10 y 11, puedes ir a Configuración > Sistema > Pantalla > Configuración de gráficos y asignar manualmente la GPU con ‘Alto rendimiento’ a los programas deseados.

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