En Breve (TL;DR)
Los cajeros automáticos han evolucionado: no solo para retirar dinero, sino también para realizar ingresos, recargas y pagos de recibos, para una gestión completa de tus operaciones bancarias.
Estos dispositivos permiten ingresar efectivo y cheques, realizar recargas y pagar diferentes tipos de recibos de forma rápida y segura.
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Lejos quedan los tiempos en que el cajero automático era sinónimo exclusivo de retirada de efectivo. Hoy en día, los ATM (acrónimo de Automated Teller Machine) se han transformado en verdaderos centros de servicios multifuncionales, capaces de ofrecer una amplia gama de operaciones bancarias con total autonomía. Esta evolución responde a una necesidad del mercado cada vez más orientada a la rapidez y la eficiencia, permitiendo a los clientes evitar colas en las sucursales para operaciones rutinarias. En Italia, donde la cultura del efectivo todavía está arraigada pero los pagos digitales ganan terreno, los cajeros automáticos avanzados representan un puente entre la tradición y la innovación, un equilibrio fundamental en el contexto cultural mediterráneo.
Olvida la idea del cajero automático como un simple dispensador de billetes. Los terminales modernos, a menudo equipados con interfaces touchscreen intuitivas y multilingües, permiten realizar ingresos de efectivo y cheques, pagar recibos, recargar tarjetas prepago y de teléfono, y mucho más. Esta transformación no solo simplifica la vida cotidiana de los usuarios, sino que también redefine el propio papel de la sucursal bancaria, que puede así centrarse en servicios de mayor valor añadido como el asesoramiento. La innovación tecnológica está llevando a los bancos a replantearse la interacción con los clientes, encontrando en los cajeros automáticos avanzados un equilibrio estratégico entre el canal físico y el digital.

La evolución del cajero automático: de dispensador de efectivo a terminal multifunción
El primer cajero automático de la historia fue instalado en Londres en 1967 por Barclays Bank, una invención que revolucionó la relación con el dinero. En Italia, el primer dispositivo apareció en 1976, pero durante décadas su función principal se mantuvo casi exclusivamente en la retirada de efectivo. Hoy, el impulso hacia la digitalización y la optimización de costes ha llevado a los bancos a invertir en tecnologías avanzadas, transformando los cajeros automáticos en centros de servicios de autoservicio activos 24 horas al día, 7 días a la semana. Estos nuevos terminales, denominados «avanzados» o «multifunción», están diseñados para ir más allá de las operaciones básicas, integrando funcionalidades que antes requerían la asistencia de un empleado de ventanilla.
Esta transformación es crucial en un contexto como el italiano, donde se asiste a una progresiva reducción del número de sucursales bancarias, un fenómeno conocido como «desertificación bancaria». Según datos del Banco de Italia, el número de cajeros automáticos tradicionales está disminuyendo, pero al mismo tiempo crece la oferta de dispositivos de nueva generación que compensan el cierre de las sucursales físicas, especialmente en los municipios más pequeños. Poste Italiane, por ejemplo, ha apostado por la instalación de miles de Postamat avanzados para garantizar una presencia capilar en el territorio, ofreciendo servicios que van desde la retirada de efectivo hasta el pago de recibos, confirmando la importancia estratégica de estos terminales.
Los servicios «más allá de la retirada de efectivo»: qué se puede hacer hoy en un cajero automático
Los cajeros automáticos modernos ofrecen un abanico de operaciones diseñadas para cubrir gran parte de las necesidades bancarias cotidianas. El objetivo es ofrecer autonomía, rapidez y disponibilidad continua, superando las limitaciones horarias de las sucursales. Los servicios avanzados son ya un estándar para la mayoría de las entidades de crédito, aunque con algunas variaciones según el banco y el modelo de cajero.
Ingresos de efectivo y cheques
Una de las innovaciones más apreciadas es la posibilidad de ingresar efectivo y cheques directamente en el cajero automático. El procedimiento es sencillo y seguro: tras insertar la tarjeta y teclear el PIN, se selecciona la opción «ingreso». Para el efectivo, basta con introducir los billetes (sin clips ni gomas elásticas) en la ranura correspondiente; la máquina realiza el recuento automático y muestra el importe en pantalla para su confirmación. El abono en cuenta suele ser inmediato. Para los cheques, el proceso es similar: el cheque se escanea, la imagen se muestra en pantalla y, tras la confirmación, se emite un recibo. El abono se realiza normalmente «salvo buen fin» tras las comprobaciones de la sucursal.
Pago de recibos y facturas de suministros
Decir adiós a las largas colas en las ventanillas también es posible para el pago de recibos. Muchos cajeros automáticos avanzados están habilitados para el pago de recibos postales preimpresos, MAV, RAV y de los principales suministros del hogar. Además, cada vez es más común la integración con el sistema pagoPA, la plataforma nacional para los pagos a la Administración Pública. Para realizar la operación, basta con escanear el código de barras del recibo o introducir manualmente los datos solicitados. El pago puede realizarse utilizando la propia tarjeta de débito, con un cargo directo en la cuenta corriente.
Recargas de móviles y de tarjetas prepago
Otro servicio extremadamente cómodo es la posibilidad de realizar recargas de móviles y de tarjetas prepago. Seleccionando la opción correspondiente, se elige el operador de telefonía o el emisor de la tarjeta, se teclea el número de teléfono o los datos de la tarjeta a recargar y se selecciona el importe deseado. La operación es inmediata y permite gestionar las necesidades de saldo telefónico o de fondos en tarjetas recargables en cualquier momento, sin tener que buscar un distribuidor autorizado.
Tradición e innovación: el contexto italiano y europeo
Italia presenta un panorama interesante donde el apego a la tradición, en particular al uso del efectivo, choca y se integra con una rápida digitalización. A pesar del crecimiento de los pagos digitales, que en 2024 superaron por primera vez al efectivo en términos de valor de las transacciones, una parte importante de la población sigue prefiriendo el dinero físico para las compras cotidianas. En este escenario, el cajero automático avanzado actúa como un catalizador, ofreciendo un servicio físico para operaciones digitales. Permite a quienes están más apegados al efectivo ingresarlo fácilmente en su cuenta y utilizarlo para pagos digitalizados como recibos y recargas, uniendo dos mundos aparentemente distantes.
En el mercado europeo más amplio, se observan tendencias similares pero con diferentes velocidades de adopción. Los países del norte de Europa están mucho más avanzados en la transición hacia una sociedad cashless, mientras que en el área mediterránea la preferencia por el efectivo sigue siendo más marcada. Los cajeros automáticos avanzados se convierten así en una herramienta estratégica para acompañar esta transición de forma gradual. La innovación no se detiene aquí: el futuro de los cajeros automáticos verá una integración cada vez mayor con la inteligencia artificial para personalizar la experiencia del usuario y la introducción de tecnologías como la retirada sin tarjeta mediante NFC, que aumenta aún más la seguridad y la comodidad.
Seguridad: un factor clave para la confianza de los usuarios
El aumento de las funcionalidades disponibles en los cajeros automáticos requiere una atención cada vez mayor a la seguridad. Los bancos invierten constantemente en sistemas para proteger a los usuarios de fraudes. Los nuevos terminales están equipados con soluciones anti-skimming, para prevenir la clonación de tarjetas, y con sistemas de tintado de billetes en caso de ataque físico al aparato. Sin embargo, la seguridad es también una responsabilidad del usuario. Es fundamental seguir algunas reglas sencillas, como tapar el teclado mientras se teclea el PIN, comprobar que no haya dispositivos anómalos instalados en la ranura de la tarjeta o en el teclado y no dejarse distraer por extraños durante las operaciones.
En caso de problemas, como una tarjeta bloqueada o clonada, es esencial actuar con rapidez bloqueando la tarjeta y contactando con el banco. Estar informado sobre los posibles fraudes en cajeros automáticos, como el card trapping o el skimming, es el primer paso para un uso consciente y seguro de estas herramientas. La confianza de los usuarios es un pilar para la difusión de cualquier tecnología, y en el sector bancario este aspecto es aún más crítico.
Conclusiones

Los cajeros automáticos avanzados representan mucho más que una simple comodidad; son un elemento clave en la transformación digital del sector bancario, especialmente en un contexto como el italiano que equilibra tradición e impulso innovador. Al ofrecer servicios como ingresos, pagos y recargas, estos terminales automáticos responden a las necesidades de un público diverso, garantizando el acceso a los servicios bancarios esenciales incluso en áreas afectadas por la reducción de sucursales. Su capacidad para integrar operaciones típicas del mundo físico con la lógica digital los convierte en una herramienta estratégica para acompañar a todos los clientes, incluso a los menos familiarizados con la tecnología, hacia una nueva forma de gestionar sus finanzas. El futuro de los cajeros automáticos se orienta hacia una personalización aún mayor de los servicios y una interacción cada vez más segura e intuitiva, consolidando su papel de puente entre la banca física y la digital.

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