En Breve (TL;DR)
Un disco duro externo que no es reconocido por tu PC de sobremesa es un problema frustrante pero solucionable: descubre las causas más comunes y las soluciones rápidas para volver a estar operativo de inmediato.
Analizaremos los problemas más frecuentes, desde los de alimentación y conectividad hasta los errores de drivers y de partición, para darte una solución rápida.
Desde la comprobación de los cables y los puertos USB hasta la gestión de los drivers, te guiaremos paso a paso en la resolución del problema.
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Los discos duros externos son herramientas indispensables para almacenar y transportar grandes cantidades de datos. Sin embargo, puede ocurrir que conectes el dispositivo a tu ordenador de sobremesa y descubras con frustración que no lo reconoce. Este problema, bastante común, puede generar preocupación, especialmente cuando la unidad contiene archivos importantes. Las causas pueden ser múltiples, desde simples problemas de conexión hasta cuestiones de software más complejas. Afortunadamente, existen varios procedimientos que puedes llevar a cabo para identificar y resolver la anomalía, tanto en sistemas operativos Windows como macOS, antes de considerar la hipótesis de un daño de hardware irreparable.
En un contexto como el español y europeo, donde la digitalización avanza pero la cultura de las copias de seguridad aún no está tan arraigada, la pérdida de acceso a los datos puede suponer un problema significativo. Este artículo se presenta como una guía completa para afrontar los problemas más comunes relacionados con los discos duros externos en ordenadores de sobremesa, ofreciendo soluciones prácticas y accesibles para todos. Exploraremos las causas de hardware y software, las diferencias entre las distintas tecnologías de almacenamiento y los procedimientos correctos para garantizar la compatibilidad y la seguridad de tus datos, en un equilibrio entre tradición e innovación en la gestión de la información personal.

Diagnóstico del problema: ¿hardware o software?
Cuando un disco duro externo no es detectado por el ordenador, el primer paso es determinar la naturaleza del problema, que puede ser de tipo hardware o software. Un análisis metódico permite descartar las causas más sencillas antes de pasar a intervenciones complejas. A menudo, la solución es más fácil de lo previsto. Verificar las conexiones físicas es el punto de partida: un cable USB defectuoso o un puerto que no funciona están entre las causas más comunes. Es aconsejable probar a conectar el disco a otro puerto USB del ordenador y, si es posible, utilizar un cable diferente para descartar defectos en este último.
Otra prueba fundamental es conectar el disco duro a otro ordenador. Si el dispositivo funciona correctamente en un PC diferente, el problema probablemente resida en el ordenador original, quizás a nivel de drivers o de configuración del sistema operativo. Si, por el contrario, el disco no es reconocido tampoco en otros ordenadores, es más probable que el problema esté relacionado con la propia unidad, como un fallo de hardware interno o un problema de alimentación. Esta simple distinción es crucial para orientar correctamente los siguientes intentos de solución, evitando procedimientos inútiles y potencialmente dañinos.
Problemas de conexión y alimentación
Una de las causas más frecuentes por las que un disco duro externo no es reconocido está relacionada con la alimentación, especialmente en los modelos de 3,5 pulgadas. A diferencia de las unidades más pequeñas de 2,5 pulgadas, que obtienen energía directamente del puerto USB, los discos de 3,5 pulgadas requieren un adaptador de corriente externo para funcionar. Si este adaptador está dañado o no está correctamente conectado, el disco no se iniciará, haciéndolo invisible para el sistema. Por lo tanto, es esencial verificar que el adaptador de corriente funcione y esté bien enchufado tanto en la toma de corriente como en la carcasa del disco.
Los puertos USB del ordenador también pueden ser una fuente de problemas. Algunos puertos, especialmente los frontales de las cajas más antiguas, podrían no suministrar suficiente energía para alimentar correctamente un disco externo, incluso si es autoalimentado. Conectar el dispositivo a uno de los puertos USB situados en el panel trasero de la placa base, que tienden a ser más estables y potentes, a menudo puede resolver el problema. En casos raros, un conflicto entre dispositivos USB o un hub de baja calidad puede interferir con el correcto reconocimiento del disco.
Conflictos de software y problemas de drivers
Si las comprobaciones de hardware no han dado resultado, es probable que el problema sea de naturaleza software. Un conflicto de drivers es una causa muy común. Windows y macOS utilizan drivers específicos para comunicarse con los periféricos de hardware; si estos archivos están obsoletos, corruptos o ausentes, el sistema operativo no podrá reconocer el disco duro. Para solucionarlo, puedes acceder al “Administrador de dispositivos” en Windows, localizar la unidad (que podría aparecer como “Dispositivo desconocido”) e intentar actualizar o reinstalar los drivers. La desinstalación del dispositivo, seguida de un reinicio del PC y una nueva conexión del disco, a menudo fuerza al sistema a instalar de nuevo los drivers correctos.
Otro escenario frecuente es el conflicto en la letra de unidad asignada por Windows. Si al disco externo se le asigna una letra ya en uso por otro periférico o mapeo de red, este no aparecerá en el “Explorador de archivos”. El problema se resuelve a través de la herramienta “Administración de discos”, accesible desde el panel de control. Aquí, el disco será visible pero sin una letra asignada o con una letra incorrecta. Bastará con hacer clic con el botón derecho en la unidad y elegir la opción “Cambiar la letra y rutas de acceso de unidad” para asignarle una nueva que no esté en uso, haciendo así que el disco sea accesible de inmediato.
Compatibilidad de los sistemas de archivos: entre tradición e innovación

Un aspecto crucial, a menudo pasado por alto, es la compatibilidad del sistema de archivos, es decir, la forma en que los datos se organizan en el disco. Los distintos sistemas operativos utilizan tradicionalmente sistemas de archivos diferentes: Windows prefiere NTFS, mientras que macOS utiliza APFS o HFS+. Si un disco está formateado en un formato no compatible, como NTFS en un Mac, podría leerse pero no escribirse, o directamente no ser reconocido. Esta brecha representa un desafío común para quienes trabajan en entornos mixtos, combinando la tradición de sistemas operativos consolidados con la innovación de nuevos dispositivos.
Para superar esta barrera, existen sistemas de archivos “universales” que garantizan la compatibilidad entre las diferentes plataformas. Los formatos exFAT y FAT32 son legibles y escribibles tanto por Windows como por macOS, representando la solución ideal para quienes necesitan transferir archivos entre ambos mundos. Mientras que FAT32 tiene limitaciones, como el tamaño máximo de 4 GB por archivo, exFAT no presenta tales restricciones y es la opción recomendada para discos duros externos de gran capacidad. Formatear una unidad en exFAT es una operación sencilla que se puede realizar a través de las utilidades de disco integradas en ambos sistemas operativos, garantizando una interoperabilidad fluida y moderna.
La elección entre HDD y SSD externos
En el mercado del almacenamiento externo, la elección principal es entre los tradicionales discos duros (HDD) y las más modernas unidades de estado sólido (SSD). Los HDD, basados en discos magnéticos giratorios y piezas mecánicas, ofrecen grandes capacidades de almacenamiento a un coste por gigabyte muy contenido. Esta característica los hace ideales para el almacenamiento a largo plazo de grandes cantidades de datos, como archivos fotográficos o bibliotecas multimedia, encarnando un enfoque más tradicional y consolidado del almacenamiento.
Los SSD, en cambio, representan la innovación tecnológica. Al utilizar memorias flash sin partes móviles, ofrecen velocidades de lectura y escritura notablemente superiores, mayor resistencia a los golpes y un tamaño más compacto. Aunque son más caros, son la elección perfecta para quienes necesitan un alto rendimiento, por ejemplo, para trabajar directamente con los archivos almacenados o para transferir frecuentemente datos de gran tamaño. La transición hacia los SSD es una tendencia de mercado evidente, impulsada por la búsqueda de una mayor eficiencia y portabilidad. La elección entre HDD y SSD depende, por tanto, de las necesidades específicas del usuario, en un equilibrio entre capacidad, coste, velocidad y fiabilidad. Si tu disco duro lento se está convirtiendo en un problema, un SSD podría ser la solución.
Recuperación de datos y prevención
Cuando un disco externo se vuelve ilegible, la mayor preocupación es la posible pérdida de datos. Si las soluciones de software no funcionan, podría tratarse de un problema de particiones corruptas o de un sistema de archivos dañado. En estos casos, antes de intentar operaciones drásticas como el formateo (que borra todos los datos), es aconsejable utilizar software especializado en la recuperación de datos. Programas como Recuva, Disk Drill o PhotoRec pueden analizar el disco a bajo nivel y recuperar archivos incluso de unidades inaccesibles o formateadas. Estas herramientas a menudo son capaces de salvar los datos, moviéndolos a otra unidad segura.
Sin embargo, la mejor estrategia contra la pérdida de datos es la prevención. La cultura de la copia de seguridad, aunque en crecimiento, todavía no es universal en España. Implementar una rutina de copias de seguridad regulares es fundamental. La estrategia “3-2-1” es un excelente punto de partida: conservar tres copias de los datos, en dos tipos de soportes diferentes, con al menos una copia guardada en un lugar físico distinto (off-site), como un servicio en la nube. Este enfoque, que combina soportes físicos y digitales, garantiza la máxima seguridad y la continuidad operativa, protegiendo el patrimonio digital de fallos de hardware, ataques informáticos o errores humanos. Problemas como una pantalla negra en Windows o un disco duro de Mac no reconocido evidencian la importancia de tener siempre una copia de seguridad.
Conclusiones

Afrontar los problemas relacionados con un disco duro externo no reconocido por el ordenador puede parecer una tarea compleja, pero siguiendo un enfoque metódico, a menudo es posible resolverlos por uno mismo. La clave es proceder por pasos, comenzando por las comprobaciones más sencillas como los cables y los puertos USB, para luego pasar a cuestiones de software como los drivers y la gestión de las letras de unidad. Comprender las diferencias entre los sistemas de archivos y elegir el más adecuado para tus necesidades, como exFAT para un uso multiplataforma, es un paso fundamental para prevenir problemas de compatibilidad. Del mismo modo, la elección entre un HDD tradicional y un SSD de mayor rendimiento depende del equilibrio deseado entre capacidad, velocidad y presupuesto.
En un mundo cada vez más digital, la protección de los datos adquiere una importancia central. Más allá de la resolución del problema puntual, la experiencia de un disco ilegible debería servir como advertencia sobre la importancia de una sólida estrategia de copias de seguridad. La adopción de buenas prácticas, como la regla del 3-2-1, transforma la conservación de los datos de un simple hábito a una verdadera cultura de la seguridad, esencial para proteger nuestro patrimonio digital de cualquier imprevisto. La innovación tecnológica nos ofrece herramientas cada vez más potentes, pero la responsabilidad de utilizarlas sabiamente para preservar nuestra información sigue siendo un pilar fundamental de la vida digital contemporánea.
Preguntas frecuentes

Las causas pueden ser diversas. Prueba estas soluciones rápidas: conecta el disco a otro puerto USB para descartar un problema del puerto. Si es posible, usa un cable diferente. Comprueba que el disco aparezca en la ‘Administración de discos’ en Windows o en la ‘Utilidad de Discos’ en macOS. A veces, al disco no se le asigna una letra y hay que hacerlo manually. Por último, asegúrate de que los drivers de tu ordenador estén actualizados.
Una ralentización puede deberse a varios factores. Asegúrate de usar un puerto USB 3.0 (o superior) para obtener el mejor rendimiento. Libera espacio si el disco está casi lleno y, si se trata de un HDD tradicional, realiza una desfragmentación con las herramientas del sistema. Comprueba también que no haya virus o malware en ejecución y verifica el estado de salud del disco con utilidades específicas para descartar sectores dañados.
Sí, es un buen hábito que garantiza la integridad de tus datos. El procedimiento de ‘Extracción segura’ asegura que todas las operaciones de escritura y lectura hayan finalizado antes de desconectar físicamente la unidad, previniendo la corrupción de archivos. Aunque los sistemas operativos modernos como Windows 10 y 11 tienen un modo de ‘Extracción rápida’ que reduce los riesgos, utilizar la extracción segura sigue siendo la opción más prudente, especialmente después de haber transferido archivos importantes.
Ruidos como clics, zumbidos o tictacs, especialmente si son repetitivos, suelen ser una señal de un fallo mecánico inminente en un disco duro tradicional (HDD). Estos sonidos pueden indicar un problema en los cabezales de lectura/escritura o en el motor. Lo primero que debes hacer es una copia de seguridad inmediata de todos los datos. Evita sacudir la unidad y, si los datos son críticos, contacta con un servicio profesional de recuperación de datos sin intentar reparaciones por tu cuenta.
La compatibilidad entre Windows y macOS depende del ‘sistema de archivos’ del disco. Para usar la unidad en ambos sistemas sin problemas, es necesario formatearla con el sistema de archivos exFAT. Este formato es legible y escribible tanto por Windows como por macOS. Recuerda que el formateo borrará todos los datos presentes en el disco, así que asegúrate de haber guardado tus archivos en otro lugar antes de proceder.

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